Si han tropezado o se han extraviado
por algún tiempo, pueden avanzar con fe y dejar de ir de aquí para allá en el
mundo.
El
coleccionar o ver pornografía es como llevar una serpiente de cascabel en la
mochila.Algunos jóvenes tienen dudas y están buscando guía; otros se preguntan
cómo se alejaron del sendero del Evangelio y cómo pueden regresar. Aunque hablo
a todos, me dirijo más intensamente a quienes están en la búsqueda.
Su
cuenta espiritual
Todos tenemos una deuda espiritual
que se sigue incrementando de una u otra forma. Si la saldan sobre la marcha,
tienen poco de qué preocuparse; pronto comienzan a adquirir disciplina y saben
que vendrá el día del ajuste de cuentas. Aprendan a pagar su cuenta espiritual
a intervalos regulares, en vez de dejar que crezcan los intereses y las
multasDebido a que esta vida es una prueba, se supone que cometerán errores.
Imagino que habrán hecho cosas en la vida de las que se lamentan, de las que no
pueden excusarse y menos aún, enmendar; por tanto, llevan una carga. Quizás se
sientan inferiores en cuerpo y mente, y estén turbados o apesadumbrados por el
peso de una cuenta espiritual que está “vencida”. Cuando se enfrentan a ustedes
mismos en los momentos de tranquila meditación (que muchos de nosotros tratamos
de evitar), ¿hay cuentas sin saldar que les preocupan?, ¿tienen algún
remordimiento?, ¿continúan, de una forma u otra, siendo culpables de algo
pequeño o grande?Con demasiada frecuencia, recibimos cartas de personas que han
cometido errores trágicos o llevan sobre sí cargas. Ellas se preguntan: “¿Podré
ser perdonado? ¿Podré cambiar alguna vez?”. La respuesta es: ¡Sí! (véase 1 Corintios
10:13).
El arrepentimiento trae alivio.El
Evangelio nos enseña que por medio del arrepentimiento nos podemos librar del
tormento y del sentimiento de culpa. Salvo aquellos pocos —muy pocos— que
después de haber conocido la plenitud optan por la perdición, no existe hábito
ni adicción, no hay rebelión, transgresión ni ofensa, grande o pequeña, que
esté excluida de la promesa del perdón total. Sea lo que sea que haya pasado en
su vida, el Señor ha preparado una forma para que regresen, si escuchan las
impresiones del Santo Espíritu.
Algunos sienten un apremio
incontenible, una tentación recurrente, que quizás se convierta en hábito y
luego en adicción. Tenemos la tendencia a cometer ciertas transgresiones y
pecados, y también a justificarnos de que no somos culpables porque hemos
nacido así. Quedamos atrapados, y de ahí provienen el dolor y el tormento que
sólo el Salvador puede sanar. Ustedes tienen el poder para dejar esos hábitos y
ser redimidos.
Una serpiente llamada pornografía.El
presidente Marion G. Romney (1897–1988), que fue Primer Consejero de la
Primera Presidencia, me dijo una vez: “No les hables sólo para que entiendan,
háblales para que no malentiendan”.
Así que, ¡escuchen atentamente!
Hablaré claramente, como alguien que ha sido llamado a hacerlo y tiene el deber
de hacerlo.
Ustedes viven en una época en que el
azote de la pornografía se está extendiendo por el mundo; es difícil eludirlo.
La pornografía se enfoca en esa parte de la naturaleza de ustedes que les da el
poder de procrear.
Ceder ante la pornografía conduce a
problemas, al divorcio, a enfermedades y a dificultades de todo tipo. No hay
parte de ella que sea inofensiva. El coleccionar, ver o distribuir pornografía
de cualquier forma, es como llevar una serpiente de cascabel en la mochila. Los
expone inevitablemente al equivalente espiritual de la mordedura de la
serpiente que les inyecta el veneno mortal. En las condiciones del mundo, uno
puede comprender con facilidad que ustedes puedan verse expuestos a ella casi
inocentemente, verla o leerla sin darse cuenta de las terribles consecuencias
de ello. Si ése es el caso, los amonesto a que dejen de hacerlo. ¡Deténganse
ya!
El Libro de Mormón enseña que todos
“los hombres son suficientemente instruidos para discernir el bien del mal” (2 Nefi 2:5).
Eso los incluye a ustedes. Ustedes saben lo que es bueno y lo que es malo;
tengan mucho cuidado de no cruzar esa línea.
Si bien la mayoría de las faltas
pueden confesarse al Señor en privado, algunas transgresiones requieren más que
eso para obtener el perdón. Si sus faltas han sido graves, acudan al obispo. En
los demás casos, será suficiente la confesión cotidiana, silenciosa y personal.
Pero recuerden que la gran mañana del perdón puede que no venga inmediatamente;
si al principio tropiezan, no desistan. El superar el desánimo forma parte de
la prueba; no se den por vencidos y, como he aconsejado anteriormente, una vez
que hayan confesado y abandonado sus pecados, no miren hacia atrás.
El Señor siempre está allí. Él está
dispuesto a sufrir y a pagar la deuda si ustedes están dispuestos a aceptarlo
como su Redentor.
El sufrimiento del Salvador por
nuestros pecado.como mortales, quizás no entendamos —y de hecho no podemos
entender— completamente cómo Jesucristo llevó a cabo Su sacrificio expiatorio;
pero por ahora el cómo no es tan importante como el porqué de
Su sufrimiento. ¿Por qué lo hizo por ustedes, por mí y por toda la humanidad?
Lo hizo por amor a Dios, el Padre, y a toda la humanidad. “Nadie tiene mayor
amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos” (Juan 15:13).
En Getsemaní, Cristo se apartó de Sus
apóstoles para orar. ¡Lo que allí ocurrió supera nuestra capacidad de
comprensión! Pero sabemos que llevó a cabo la Expiación. Estuvo dispuesto a
tomar sobre Sí las faltas, los pecados y la culpa, las dudas y los temores de
todo el mundo. Sufrió por nosotros para que no tengamos que sufrir.
El perdón total es posible

Si han tropezado o se han extraviado
por algún tiempo, si sienten que el adversario los tiene cautivos, pueden avanzar
con fe y dejar de ir de aquí para allá en el mundo. Hay quienes están prestos
para guiarlos de regreso a la paz y a la seguridad. La gracia de Dios, tal como
se promete en las Escrituras, viene “después de hacer cuanto podamos” (2 Nefi
25:23). La posibilidad de que eso suceda es, para mí, una de las verdades
que más vale la pena conocer.
Les prometo que esa radiante mañana
del perdón vendrá; entonces “la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento”
(Filipenses
4:7) volverá nuevamente a su vida, como un amanecer, y ustedes y Él, “no se
acordarán más de sus pecados” (Jeremías 31:34).
¿Cómo sabrán que han sido perdonados? ¡Les aseguro que lo sabrán! (véase Mosíah 4:1–3).
Esto es lo que he venido a enseñar a
quienes estén en dificultades. Él intervendrá y resolverá el problema que
ustedes no puedan resolver, pero ustedes deben pagar el precio; si no lo hacen,
no sucederá. Él es un líder sumamente bondadoso, en el sentido de que siempre
pagará el precio necesario; pero desea que ustedes hagan lo que deben hacer,
aunque sea doloroso.
Amo al Señor, y amo al Padre que lo
envió. Podemos poner ante Él nuestras cargas de la desilusión, el pecado y la
culpa, y bajo Sus generosas condiciones, cada monto de la cuenta se puede
marcar como “pagado completamente” (véase Isaías 1:18–19).
Vivan con fidelidad y permanezcan
dignos

Les prometo que esa radiante mañana
del perdón vendrá.
El pasaje “aprende sabiduría en tu
juventud; sí, aprende en tu juventud a guardar los mandamientos de Dios” (Alma 37:35)
es una invitación acompañada de la promesa de paz y protección contra el
adversario. (Véase también 1 Timoteo
4:12.)
No esperen que todo transcurra sin
obstáculos en la vida. Aun para los que viven como deben, a veces será todo lo
contrario. Enfrenten cada dificultad de la vida con optimismo y confianza, y
tendrán la paz y la fe que los sostendrá ahora y en el futuro.
A aquellos que aún no tienen todas
las bendiciones que piensan que quieren y que necesitan, creo firmemente que a
ustedes, los que vivan fielmente, no se les negará ninguna experiencia ni
oportunidad que sea esencial para la redención y la salvación. Permanezcan
dignos; tengan esperanza, sean pacientes y persistan en la oración. Las cosas
de alguna manera se solucionan. El don del Espíritu Santo los guiará y dirigirá
sus acciones.
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